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En cien mil partes

 

 

 

A aquellos que quieren dar una vida nueva, a lo que  parece no tenerla

En cien mil partes se descompuso
e intentó hacer con ello arte mudo.
Quiso dar una vida nueva
a lo que parecía no tenerla.

Ay mi carpintero, fundidor de velas.
Es tu alma celosía que esconde afectos.
¡Abrasen sus hierros! ¡Abracen su ausencia!

Vas a contraveta, dirección transversal.
Acostumbrado a tu entrelazado alfarje,
ahora tus sombras visten mate sus trajes
y un alma astillada con perlas y sal.

Más que un alfiz, eras alfil mayor.
Rompiste las normas y dijiste adiós
sin diagonal ni anuncio de despedida.
Por derrota curvada, miel de sus arras.

Te inspiró la gran madre naturaleza,
con su bello baile libre e insubordinado.
¡Abrasen sus rarezas! ¡Abracen su realeza!

Ay mi carpintero, talador de amistad
Fresno herido sin Samara ni ropaje.
Te marchas y pierde el cerezo sus flores
y el nogal su tierno bocado de Adán.

Taladro de emociones, un estampido
No cesa ese constante martilleo
Desde arriba, lijaron su piel de alforja.

Coherencia: ¡Forja tu camino! ¡Moldea tus sombras! Hazlo callar….
Carpintero: No sella. Son clavos verticales que bajo un golpe seco, se quiebran.
Coherencia: Vuelve, te lo ruego
Carpintero: ¡No puedo! He intentado calibrar las manías, controlar los enojos, escuadrar sus
torpezas y silenciar las mías, pero no puedo, no puedo. ¡No abrasa! Ignífugo corazón que late
y ata.

Esa noche Cupido incumplió promesas.
Perdió el sentido con sentido y se marchó.
Negras cartas olvidó sobre la mesa.

Nadie pudo reconstruir tantas piezas
La corteza de sus manos cae, desciende.
¿Por qué no curas la herida como siempre?
¿Por qué no lo arreglas? Apaga y enciende.

Ay mi carpintero, sella este tu adiós.
Reduce el recelo, renvalsa esta unión.
Rebaja esta gran pena, mengua su angustia
viga el corazón, refuerza su alma ajada.

Su cuerpo no aguanta tantas punzadas
Ella rota, se deshace en cien mil partes.
Ay mi carpintero, esta vez falto arte.
Es Avellano rojizo sin madurar.

Es el Líbano sin su cedro,
Un ébano sin color,

sin anillos el caoba,
un roble sin bellotas.
el olivo sin su oro ni olor.

Ay mi carpintero, cuánto dolor.

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