Seleccionar página

Capítulo 1

Éramos pocos.

 

Siempre digo que mi familia es como una película italiana porque todos los personajes que os podáis imaginar tienen cabida en este cuento. Todos. La segunda hermana de una jauría de grillos, la segunda de doce hermanos.

A mi madre, le encantaba mirar la vida con aires de grandeza y decidió formar su propio imperio.

A mi padre, le consumieron los tragos amargos de la vida en un vaso vacío y quiso llenarlos de promesas, sabiduría y sueños por cumplir.

Yo puedo definirme como un mixto, soy un poco “madre”, la mitad de “padre” y el resto de hermana.
Si queréis entenderlo todo, empecemos por el principio.

Voy a resolver la enorme incógnita que todo el mundo tiene cuando nos conoce. Aunque resulte extraño, no pertenecemos a ningún grupo, institución o comunidad católica, no somos del Opus Dei, ni del camino Neocatecumenal, ni de nada.

Me encantaría decir que existe un motivo concreto y justificar esta auténtica locura, pero no. No la hay.

Si hubiera una razón, os juro que me hubiera resultado mucho más sencillo comprender y aceptar el porqué de tener tantos hermanos.

En torno a mi familia y más concretamente en torno a mi padre gira un aire místico, pero no existe ninguna conexión entre este sentimiento espiritual y la decisión de tener doce hijos.

Ninguna.

Esta vez no vengo a contaros la típica historia de una familia numerosa, voy a compartir con vosotros una visión poco común y alejada de la utópica.

Mi visión. Espero que os guste.

 

 

 

 

Subscríbete a DoceLetrasSubscribirse